martes, 18 de septiembre de 2012

EL BIDET




En una charla con amigos surgió un tema interesante: ¿Cómo
usás el bidet? No "para qué", eso es sabido; sino, ¿CÓMO TE SENTÁS?

              La mayoría lo usábamos igual, sentados de espaldas a la
pared, manejando las canillas al tacto; pero uno viene con una teoría 
irrefutable: "El bidet debe usarse de frente a la pared porque el cosito
por el que sale el agua te queda justo en el hoyo, y podés ver las
canillas, la jabonera y la toalla".

              Tiene lógica, pensé.

        Cuando me toque, voy a probar.
        A la mañana siguiente, me tomo mi café... efecto instantáneo.

        Abrigadito con mi bata me juego un jueguito en el celu mientras
hago lo que tengo que hacer en el inodoro. Termino. Hora del buche.



        Me acuclillo apenas y pivoteo en un pie dando medio giro, casi
como en una coreografía de Ginger Rogers; y estaciono en una maniobra
sobre el bidet, de frente a la pared. ¡Genial! Puedo acceder a las
canillas, mezclo la caliente con la fría hasta lograr la tibieza justa,
manejo la presión con la del medio, llego al jabón, toalla, todo.


        Impecable.
        Este amigo tenía razón, y me introdujo a un mundo un tanto
adictivo..., me saco la bata, salto a la ducha y me voy a la oficina, que
ya llego tarde por la bideteada.

        En la ofi, todo bien. A la hora del almuerzo se me da por innovar,
y pido un delivery de comida china: cerdo con hongos y brotes de bambú.

        Muy rico, pero el efecto es más instantáneo que el de mi café
mañanero.
        Voy al baño de empleados apretando los cantos: están todos los
boxes ocupados. ¡Me cagooo!. Los jefes se fueron a comer afuera, y la
conchuda de su secretaria está almorzando en el comedor... así que me
cuelo subrepticiamente en el baño de gerencia.







        Comida china: pica cuando entra, pica cuando sale. Mientras tanto
examino el baño: ¡qué guachos estos jefes! En el baño de empleados nos
ponen un papel higiénico con el que te podés limar las uñas mientras
cagás, pero acá tienen uno suavecito, toallas de tela, Glade Toque,
jabón-jabón (no ese detergente líquido con un botón pringoso), revistas en
un canasto, y hasta una cestita con popurrí de canela, jazmín y pétalos de
rosas sobre la mochila del inodoro.



        Termino. Voy al bidet. Hago la misma maniobra que a la mañana en
casa: pivoteo sobre un pie... medio giro... y me olvido que tengo los
pantalones y calzón en los tobillos que hacen tope contra la base del
bidet.



        ERROR... La frenada textil me arroja de cara contra la pared,
reboto, me deslizo hacia abajo y quedo enganchado en la punta de la taza
del bidet con los huevos.









        Mi quejido se hace agudo, finito. Por suerte no me partí los
labios contra los azulejos, sólo me sangra la nariz, y me mancha la camisa
blanca que anoche me planché con Klaro.



        Con una mano arranco un poco de papel higiénico, hago rollitos y
me tapono los dos agujeros de la nariz: no sé cuál es el que sangra.



        Mientras tanto trato de avanzar sobre el bidet, de frente a la
pared, hasta descomprimir los huevos, pero quedo casi arrodillado sobre el
piso porque los pantalones me siguen frenando contra la base. Abro la
caliente, y un chorro hirviendo me carboniza la "flauta", que quedó justo
arriba del cosito del agua. Me corro un poco más hacia la pared, y ahora
me quemo los huevos: depilación con lanzallamas. Asomo el culo, abro la
fría, y la presión aumenta. Es como una hidrolavadora echándome lava
adentro del orto. Quiero bajar la presión con la canilla del medio, pero
de frente la canilla es al revés: la fuerza aumenta, y siento que me
levanta del piso. Me paro como puedo, trastabillo hacia atrás y caigo de
nuca contra la otra pared.



        Así me encontró la secretaria, después de que el de mantenimiento
pudo forzar la puerta: desmayado boca arriba, un poco cagado, con la chota
al aire, los huevos colorados como dos remolachas, la camisa manchada de
sangre, papel higiénico medio disuelto en la nariz y el chorro del bidet a
todo lo que da, arrancando la pintura del techo. Ah... y el regalito en el
inodoro, porque no llegué a apretar el botón.

        Tuve que pagar los arreglos. A los del piso de arriba les apareció
humedad en los zócalos. A los de abajo, en las paredes. Pagué la pintura,
el pintor, repuse las revistas empapadas, el papel higiénico carísimo y
hasta el jabón que se disolvió con la lluvia bidetera. Pero me hice el
boludo con el popurrí: ese, que lo compren ellos.

        Consejos útiles a la hora del bidet.

        * Confiá sólo en el bidet de tu casa. Él es tu mejor amigo, y le
conocés la temperatura, la presión y la dirección de giro de las canillas.

        * Un bidet ajeno es más difícil de manejar que una excavadora.

        * Ese bidet ajeno tendrá la velocidad de una Ferrari: irá de cero
a cien (grados) en cuatro segundos, carbonizándote el culo.

        * El manejo óptimo de los controles del bidet implica
conocimientos de hidráulica y termodinámica mediante una ecuación que
incluye: presión de 0 a100%, temperatura A, temperatura B, geolocalización
del culo, índice de sanidad y nivel de ruido.

        * Cuando manejes todas esas variables, te tocará un bidet con
monocomando.

        * Manejarás ese monocomando como un joystick endemoniado que te
levantará del piso. Antes practicá con un jet-ski.

        * Por último, y el más importante: con los lompas bajos, el bidet
se usa de espaldas a la pared. Y no confíes en tus amigos. Innovar hace
mal.

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