domingo, 5 de agosto de 2012

SEÑORAS Y SEÑORITOS


jueves 29 de septiembre de 2011


Demostrando el señorío, adorando a las señoritas y despreciando a los señoritos. Defino para aclarar, según la Real Academia de la Lengua Española. El señorío lleva implícita la mesura en el porte, en el acto y en el trato con las señoritas. El señorío lleva implícita la libertad en el obrar, respetando la dignidad y dominando la pasión, haciendo que prevalezca la razón sobre el impulso hacia las señoritas. Señorita se llama, con cortesía, a la mujer soltera. Señorito se llama, sin cortesía, al rico ocioso. Es evidente que en este rincón del espacio cibernético predominan las señoritas, aunque, pensándolo mejor, abundan tanto las señoras como las señoritas, pues la condición de señora o señorita es aquí indiferente. Dicho predominio no excluye la presencia también habitual, siempre muy criticada, de los señoritos, a los que el autor dedica particular animadversión, repulsión, antipatía, manía, ojeriza y tirria. Andan las feministas francesas, pioneras ellas, en campaña para que sea retirado de los formularios oficiales el término mademoiselle, porque supone una intromisión en la vida privada de las mujeres. No es tanto una cuestión de estado, ni una cuestión de estado de género, sino una cuestión de estado civil. A los hombres no se les pregunta si están o no casados. Para Agathe Painteaud, portavoz del colectivo Osez le Féminisme, pedirle a una mujer que indique su condición de señorita es una costumbre "reveladora de la concepción retrógrada del matrimonio, ya que transmite la impresión de que una mujer sólo alcanza su plenitud una vez casada, cuando, entonces sí, se iguala madame a monsieur". Por cierto, la mitad de las señoritas francesas ha nacido fuera del matrimonio; sin embargo, la mayoría de los señoritos franceses seguro que ha nacido dentro de matrimonios bien vistos socialmente; los señoritos españoles también.

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