jueves, 28 de junio de 2012

MASAJE, CLÍTORIS, relato erótico




Decidí hace más de cuatro años crear en una página de contactos un perfil explicando abiertamente una de mis grandes pasiones: hacerle sexo oral a una mujer. No puedo negar que se trata de un perfil diferente, un perfil que llama la atención tanto para bien como para mal. Pero no deja de ser menos cierto que al explicar de forma clara y directa lo que deseo encontrar eso me ha permitido conocer desde entonces a varias mujeres interesadas en recibir placenteros masajes de clítoris. Si este primer relato tiene buena acogida contaré en próximas ocasiones más experiencias vividas con otras chicas que conocí gracias a esa página. Este primer relato se lo quiero dedicar a Marisa porque sabe de mi afición por escribir y me confesó que le haría ilusión que escribiera su historia para leerla en internet. Ella fue también la que me dio la idea de escribir mis experiencias y compartirlas con los lectores de páginas dedicadas a los relatos eróticos. Así que Marisa, aquí tienes la historia que te prometí de tus aventuras con tu amigo el masajista de clítoris. Fue Marisa la que me escribió una noche un mensaje privado en la página de contactos donde tengo mi perfil y que decía lo siguiente: “Vaya perfil, seguro que no te falta trabajo con esos masajes”. Le respondí que no me podía quejar y que estaba teniendo con ese perfil mucho más éxito del que esperaba. Le pregunté si le resultaba interesante lo que buscaba pero Marisa me respondió que más que interesante mi perfil le parecía curioso, por lo directo y sincero que era al decir tan abiertamente lo que buscaba. A las cinco menos diez yo ya estaba listo para recibir en mi casa la visita de Marisa. Me senté en el sofá a esperar su llegada. A las cinco y diez aun no había llegado. Existía la posibilidad de que Marisa se lo hubiera pensado mejor y hubiera decidido echarse atrás. Decidí esperar unos minutos más antes de encender el ordenador y ver si ella me había dejado algún email en el que me dijera que se lo había pensado mejor. Eran cerca de las cinco y veinte cuando sonó el timbre de la puerta. Cogí el auricular del telefonillo: “¿si?” dije. “Soy Marisa”, respondió ella al otro lado. Pulsé el botón de apertura. Ahora Marisa tendría que recorrer el patio interior del bloque de edificios hasta llegar al portal de mi casa. Segundos después sonó de nuevo el timbre del telefonillo. En esta ocasión pulsé el botón de apertura directamente. Esperé mirando por la mirilla de la puerta a que el ascensor se abriera. Allí estaba ella. Marisa pulsó el timbre de la puerta de mi casa. Inmediatamente abrí la puerta. - Hola,- fue mi saludo - Hola,- respondió ella. - Adelante,- le invité a pasar. Marisa entró en mi casa y cerré la puerta. Le indiqué la entrada al salón. Cuando accedió al salón observé como Marisa reconoció algo que le era familiar. - El sofá,- dije ella con una sonrisa. - Si, ahí está el famoso sofá,- comenté también con una sonrisa. Ella conocía el sofá por las fotos que le había mostrado. Sabía que les había comido el coño a muchas amigas en ese lugar. Pero ella ya me había comentado en alguna ocasión que consideraba que la cama era un lugar más cómodo. Así que antes de invitarla a ir al dormitorio le dije que podía dejar su bolso encima de la mesa del salón. – Supongo que estarías empezando a pensar que me había arrepentido de lo que te propuse esta mañana,- me comentó ella. – No puedo negarte que viendo como pasaban los minutos más allá de las cinco estaba empezando a pensarlo. De todos modos confiaba en ti y aunque te hubieras echado para atrás en el último momento lo habría entendido. Supongo que habrás venido todo el camino hablando con tu ángel y tu demonio personal.- le dije. – Pues si, aun no me creo que esté aquí,- respondió ella. – ¿Quieres tomar algo o quieres que pasemos al dormitorio?,- le pregunté. – Pues si me sirves un vaso de agua te lo agradecería,- dijo ella. Le indiqué el camino a la cocina y la serví un vaso de agua. – Muchas gracias cielo, con las prisas venía muerta de sed. Salimos de la cocina y la indique que me siguiera. Avanzamos por el pasillo hasta llegar a la habitación del fondo que era mi dormitorio. Cuando Marisa entró en el dormitorio no pudo evitar hacer un nuevo comentario. – Y aquí esta tu cama,- dijo con otra sonrisa en tu cama. – Pues sí aquí está la cama que está esperando tu visita desde esta mañana,- añadí yo. Marisa seguía nerviosa así que le indiqué las pautas para que pudiéramos empezar. - Puedes dejar tu ropa en la silla y luego túmbate cómodamente en la cama,- le indiqué. Marisa me miró y después de soltar un suspiro dijo: - Ha llegado el momento. ¿Me quito toda la ropa o solo la parte de abajo? - Como te vayas a sentir más cómoda. Lo que quiero es que te sientas lo más tranquila y relajada posible,- le dije. - Entonces solo lo de abajo,- comentó ella mientras empezaba a echar mano a sus zapatos. Empezó quitándose los zapatos. Los colocó debajo de la silla de forma ordenada. Después se desabrochó el pantalón vaquero y bajó la cremallera después. Se quitó el pantalón vaquero. Lo dobló por la mitad y lo colocó cuidadosamente en la silla. Sin ninguna vacilación bajó rápidamente sus bragas, las sacó por sus pies, las dobló con un rápido movimiento de dedos y las dejó encima de la silla. Después, sin mirarme en ningún momento se subió a la cama y se colocó boca arriba con la cabeza apoyada en la almohada y las piernas separadas. Fue en ese momento cuando pude ver el coño bien peludito de Marisa. Ella ya me había comentado que no se lo depilaba ni se lo arreglaba demasiado. Solo se lo recortaba un poco por los lados en verano cuando llegaba la época de ponerse el bikini. Ella hizo un comentario al respecto. - Como ves lo tengo muy peludito. Ya te lo dije,- comentó. - Me da mucho morbo como lo tienes. Ya te he comentado en alguna ocasión que un coño depiladito se lame mejor pero un coño peludito me da mucho morbo porque es lo más natural que te puedes encontrar,- le decía a Marisa mientras me subía a la cama y me colocaba entre sus piernas abiertas. Marisa me miraba deseosa de que empezara a hacerle todo aquello que tantas y tantas veces le había comentado en nuestras conversaciones nocturnas. Coloqué mi mano derecha en su ingle derecha y la empecé a acariciar suavemente mientras le decía: - Estate tranquila, ¿vale? Ella asintió con la cabeza. Coloqué mi mano encima de sus labios vaginales y con mis dedos anular y corazón empecé a hacer movimientos circulares moviendo sus labios. Me di cuenta de que estaba más nerviosa que excitada porque no se apreciaba al tacto humedad en sus labios vaginales. Posteriormente con mi dedo corazón busqué su clítoris y empecé a masajearlo suavemente con movimientos circulares. Todo muy suave y despacito. Marisa suspiró. - Cielo, que manos tienes. Creo que no me voy a arrepentir de haber venido. A continuación me tumbé boca abajo en la cama buscando la posición adecuada para colocarme entre sus piernas con mi cara muy cerca de su coño. Con ayuda de los dedos dejé bien a la vista su clítoris y a continuación dirigí mi boca a él. Lo atrapé con mi boca. Luego comencé a lamérselo suave y despacito. Escuché un “ohhhhhhhhh” profundo salir de su boca cuando ella sintió el contacto de mi lengua en su parte más erógena. Con mi boca bien colocada en su entrepierna situé mis manos agarrando la parte exterior de sus muslos. De ese modo podría agarrar sus nalgas si debido al placer ella levantaba su pelvis de la cama. Empecé a aumentar poco a poco la velocidad de movimiento de mi lengua. De izquierda a derecha para producir un mayor frotamiento con el clítoris de Marisa. Luego en movimientos circulares. Y más tarde a la mayor velocidad de movimiento le incluí una mayor presión aumentando el estado de dureza de mi lengua. Cuando apliqué esa presión adicional sobre su clítoris fue cuando Marisa soltó su primer gemido de placer. Separé mi boca de su coño y me quedé mirándola. Ella me miró como extrañada por haberme parado. - ¿Qué tal va la cosa?,- pregunté. - Muy bien cielo, sigue, me estás dando mucho placer. Volví a dejar a la vista su clítoris con ayuda de mis dedos y nuevamente se lo atrapé con mi boca. Regresando de nuevo mis manos a la parte exterior de sus muslos. Estuve varios minutos dando lengua en su clítoris con diferentes tipos de movimientos y presiones: movimientos suaves circulares, movimientos suaves de izquierda a derecha, succión con la boca, suaves caricias con la punta de la lengua, frotamiento fuerte con la lengua dura,… Sus suspiros y jadeos me iban indicando que cosas le gustaban más de todas las cosas que iba experimentando en su clítoris. En algunos momentos ella colocaba sus manos sobre mi cabeza y acariciaba mi pelo, otras veces estiraba los brazos sobre la cama y en otros momentos se estrujaba los pechos por encima de su ropa. Lo que le gusta a la mayoría de chicas con las que he estado es que les laman el clítoris con fuerza. Pocos han sido los casos en los que las chicas obtenían su mayor excitación con suaves lametones de lengua. El clítoris de Marisa era de los del primer grupo. Sus jadeos aumentaban cuando lamía su clítoris con fuerza. Por ese motivo alternaba tandas de varios segundos en los cuales le frotaba el clítoris con mucha presión de mi lengua (lo que le llevaba a estados en los cuales su pelvis empezaba a moverse de arriba hacia abajo mientras yo sujetaba sus nalgas con mis manos y apretaba mi boca a su coño para poder seguir lamiendo a pesar de sus movimientos convulsos) con otros en los cuales los movimientos de mi lengua eran más suaves y delicados y ella se recuperaba de esos instantes de placer más intenso. En uno de esos momentos en los que mi lengua se lo lamía despacito nuestras miradas se cruzaron. Ella colocó su mano derecha sobre mi cabeza y mientras me acariciaba el pelo me dijo: - No sabes el placer que me estás dando cielo. Me tienes a puntito de correrme. Yo separé mi boca de su coño y le dije: - Me alegro que lo estés pasando bien. Ahora voy a por tu corrida. En vez de ir de nuevo directo a su clítoris dirigí mi boca a una de sus ingles. Empecé a dejarla besitos en esa zona y lametones. Lo mismo que hice en una de sus ingles lo hice en la otra. Luego me arrodillé entre sus piernas y coloqué mi mano derecha encima de su coño. Se lo froté con movimientos circulares mientras la puntita de mis dedos corazón y anular se colaban un poquito por dentro de sus labios vaginales. Aquello estaba ahora muy húmedo. No tenía ni punto de comparación a la ausencia de humedad que había en esa zona al empezar. Humedecí la punta de esos dos dedos con sus jugos vaginales y después fueron a la búsqueda de su clítoris. Empecé a frotar su clítoris con mis dedos. Ella empezó a suspirar de placer. No estuve mucho tiempo frotando su clítoris con mis dedos porque considero que es más difícil dar placer a una mujer con los dedos que con la lengua. Cada mujer tiene su propia técnica de masturbación y es difícil encontrar la forma de frotamiento y la velocidad de movimiento con los cuales ella encuentra un placer parecido al que consigue ella misma cuando se lo hace con sus dedos. En cambio el placer que le das con la lengua es algo a lo que su clítoris no está acostumbrado y por ello resulta más fácil dar con el punto que a ella más le gusta. Así que después de un breve frotamiento de clítoris con mis dedos volví a tumbarme boca abajo en la cama y coloqué mi cara cerca de su coño. Dejé a la vista su clítoris con ayuda de mis dedos y volví a atraparlo con mi boca. Empecé a lamérselo despacito. Suavecito. Alternando movimientos circulares con otros de arriba-abajo, izquierda-derecha. También alguna suave succión. Después decidí comenzar a lamer y succionar con más presión. Ella poco a poco empezó a suspirar y gemir con más intensidad. Sus manos acariciaban mi pelo mientras de su boca salían algunos susurros “ay, que rico cielo, no pares ahora, sigue”. Ella estaba a puntito de caramelo y yo estaba decidido a llevarla a su corrida. Seguí lamiendo con fuerza. Su pelvis nuevamente se levantaba de la cama. Yo agarré su culo con mis manos para sujetar su cuerpo mientras ella se movía convulsamente arriba y abajo. Mi boca pegada a su coño mientras mi lengua no dejaba de moverse en ningún momento. Escuché su voz: “sigue cielo que me corro, sigue, sigue”. No dejé de lamer su clítoris a pesar de sus movimientos cada vez más enérgicos. De repente su cuerpo empezó a moverse en forma de sacudidas mientras de su boca salió un gemido intenso…”ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh”. Se había corrido. El cuerpo de Marisa se quedó a continuación relajado. Dejé que ella disfrutara de su placer mientras su respiración sonaba agitada. Yo permanecí sentado a su lado encima de la cama. Segundos después ella me miró y me sonrió: - Que buen rato me has hecho pasar. Tienes una lengua maravillosa,- me dijo. - Me alegro que estés contenta con el masajito y que te hayas alegrado de venir a verme,- le respondí. - No me arrepiento en absoluto. Creo que te volveré a pedir cita en cuanto pueda,- afirmó ella. - Cuando tu quieras te hago hueco en la agenda.- dije. 


Ella se echó a un lado de la cama y me pidió que me tumbara junto a ella. Marisa se tumbó de medio lado doblando su pierna para tapar su coño. Yo me coloqué también de lado para poder hablar con ella cara a cara. Ella me dio las gracias por haberla ayudado a descubrir lo que se sentía con el sexo oral y también por haber hecho que nuestro encuentro real transcurriera de una forma tan fácil para ella. Me dijo que ahora tendría que hacer hueco en mi agenda para una mujer más porque después de haberlo probado querría volver a repetirlo alguna vez más. Luego ella me preguntó por el baño porque quiere asearse un poco antes de marcharse. Le indiqué donde estaba el baño y la dejé una toalla limpia para que se secara. Yo volví al dormitorio y me tumbé en la cama. A los pocos minutos Marisa salió del baño. Se acercó a la silla del dormitorio donde había dejado su ropa. Se vistió por completo. Volvimos al salón. Marisa cogió su bolso. Le pregunté si quería que le acompañara al coche y me respondió que no hacía falta. Nos despedimos. Ella me dio dos besos y me hizo una caricia en la mejilla con su mano. - Espero que nos volvamos a ver pronto,- me dijo para despedirse.

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