lunes, 30 de enero de 2012

La novia del frutero

Tenia yo diecisiete años recién cumplidos y me vine a Madrid a servir. Yo era la mayor de ocho hermanos y el cura de mi pueblo, me buscó una casa de unos conocidos suyos. Era un matrimonio un poco mayor, con tres hijos. Dos niñas de ocho y diez años y un niño de doce. El padre era médico y estaba muy poco en casa. Ella era muy religiosa y siempre estaba metida en reuniones de la Parroquia. 
Una tarde, estábamos los niños y yo viendo una película en la televisión, sentados en la mesa camilla. Llamaron a la puerta y era el frutero del supermercado que nos traía un pedido que le había hecho la señora. Era un chico salamero, que siempre me decía cosas cuando me veía en el super. Como la película estaba muy interesante, le dije que pasará y dejara los paquetes en la cocina. Al ratito volvió el muchacho y se quedó de pie, detrás de mi silla, y dijo "¿Qué, está bonita la peli, no?." Asistimos todos con la cabeza sin dejar de mirar a la pantalla. Y sin nadie decirle nada, se sentó en el suelo, junto a mi silla. Al ratito, metió un brazo por debajo del tapete de la mesa y empezó a acariciarme la pantorrilla. 

Me quedé como una estatua. Sentí miedo de que los niños se dieran cuenta. Y tonta de mí, me quedé más quieta que una lagartija. El frutero siguió con su "tarea" y poco a poco empezó a subir la mano acariciándome los muslos, hasta que llegó a rozarme las bragas. Asustada, me levanté de golpe y me marché deprisa al cuarto de baño. Allí estuve encerrada bastante tiempo y no salí hasta que sentí la puerta y supuse que se había marchado el frutero. 
Volví al cuarto de estar. Los niños continuaban viendo la película y me alegré que no se hubieran dado cuenta de nada. Unos días mas tarde, fui con los niños al cine a ver la película E.T. La sala estaba casi vacía. Las niñas estuvieron un rato, pasillo arriba, pasillo abajo, mirando desde donde se veía mejor. Al final eligieron una de las últimas filas de la derecha. 
A la mitad de la película el niño, que estaba sentado a mi izquierda, dejó caer su brazo en mi pierna. En principio no le di importancia, pero al rato sentí como me acariciaba con la punta de los dedos. Me quede atónita. Le cogí la mano y sin decirle media palabra, se la puse en el reposabrazo. Dos veces mas repitió la acción y otras dos veces se la devolví, la última 
bruscamente y golpeándole el brazo en el reposa brazo. Entonces acercó su cabeza a la mía y me dijo al oído. - ¿Es que solo el frutero te puede tocar?... 
Me quedé de piedra. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Lo primero que pensé es si se lo habría contado a su madre. No creo. Con lo religiosa que era algo me habría dicho. Pero, ¿y si se lo contaba?. !Madre mía¡, me despedían seguro. ¿Y que decía yo en mi casa? ... Mi padre me mataba. Un peñizco se me cogió en la garganta y se me entrecortó la respiración. Mientras 
me comía la cabeza con mis temores, el niño volvió a sus andadas. Yo estaba agarrotada y no supe reaccionar. Simulé que continuaba viendo la película, como si nada, pero el corazón me latía secamente, como si fuera a salirse del pecho. Empezó a acariciarme, suavemente, encima de una de las rodillas. 
Bueno, lo que realmente acariciaba era la rebeca que antes yo me había puesto sobre las piernas. Pero sentía levemente sus deditos, por encima de la prenda. Así estuvo bastante rato hasta que tímidamente fue subiendo despacito su mano hasta llegar al final de la rebeca.
Metió la mano por debajo de la rebeca, la volvió a bajar despacito, hasta que llegó a tocarme los muslos. 
Al sentir el contacto de su mano, cálida y fina, con mi carne, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Comenzó a acariciarme los muslos con las yemas de sus pequeños dedos, lenta y suavemente. La respiración, poco a poco, se me fue haciendo mas profunda. De pronto sentí que me humedecía y que los pechos se me hinchaban. Nunca antes me había pasado, ya que no había tenido ni amigos, ni novios. La excitación subía por momentos y el coño 
me ardía. Estuve a punto de cogerle la mano y llevármela a las bragas, pero me contuve por vergüenza y continué quieta todo el tiempo. Al terminar la película volvimos todos a casa. Las niñas me comentaban las escenas más excitantes y el niño iba unos pasos mas atrás sin decir palabra. Aquella noche, cuando comenzaba a conciliar el sueño, siento que alguien abre la 
puerta. Veo que entra el niño y sin decir media palabra, se quita el pijama y completamente desnudo, se mete en mi cama. Desde entonces tuve visita todas las noches, hasta que tres años mas tarde, me despedí de aquella casa para casarme, embarazada, con el frutero.

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